Consultado acerca de las similitudes con el discurso anti grieta de Schiaretti, remarcó que él no se define en comparación con otros, y dijo: “En Argentina no vamos a ningún lado si no terminamos con las divisiones que son cada vez más agresivas. Esto ha sido la avivada de algunos políticos que se aprovecharon de esto para tener algunos votos a costa de todos los argentinos”.
Según dijo, en los últimos 40 años de democracia cada Gobierno nuevo empieza de cero y todo lo que hizo el anterior es una catástrofe, “y así no hay ninguna posibilidad, y si no rompemos eso, vamos a seguir igual”.
En esa línea, aclaró que “eso no quiere decir que no haya un sano debate democrático”, pero aclaró: “Yo nunca me pondría de acuerdo con el kirchnerismo, que abrieron las cárceles, que cerraron las escuelas, que agreden al campo, que son amigos de Venezuela. Por eso, una cosa es dialogar y otra cosa es acordar”.
Y señaló: “Yo me comprometo a que si soy presidente voy a dialogar con todos los gobernadores y diputados que la gente elija, pero ese diálogo tiene que ser conducente a tener un plan de desarrollo que sea sostenido en el tiempo, aunque cambie el gobierno”.
Consultado acerca de la situación crítica de Rosario, dijo que “está cada día peor, y eso se mide por la cantidad de crímenes”.
Manifestó de esta manera lo que hubiera hecho con esa ciudad: “Hay que hacer medidas de shock ya, que es mandar gendarmes; hay que mandar muchos más gendarmes más de los que mandaron”. Y añadió que “hay que mandar las fuerzas armadas, el Ejército, a las fronteras y reemplazar a los gendarmes para que ellos vayan a ocuparse de las zonas más calientes de la droga”.