Soledad Pastorutti volvió a Cosquín con un espectáculo que combinó despliegue escénico, invitados de lujo y un público que resistió la lluvia durante más de tres horas. Treinta años después de su irrupción adolescente en el festival, la artista celebró su historia con una puesta ambiciosa y un repertorio que recorrió distintos momentos de su carrera.
La Plaza Próspero Molina fue testigo de una noche intensa desde el arranque. La cantante hizo su entrada desde lo alto, descendiendo en una gran estructura con forma de luna mientras interpretaba Sigo siendo yo, para luego continuar con Vivir es hoy, acompañada por bailarines y una numerosa banda que marcó el tono épico del show.
El recital tuvo múltiples invitados que aportaron diversidad de estilos. Pedro Capó, Teresa Parodi, Nahuel Pennisi y Cazzu fueron parte de una seguidilla que atravesó el folklore, el pop y otros géneros, mientras que La Delio Valdez aportó un tramo festivo con clásicos en clave tropical.
También hubo un momento familiar cuando Natalia Pastorutti tomó el escenario y luego compartió canciones con su hermana, recreando la complicidad de sus inicios. La respuesta del público, pese a la lluvia persistente, fue constante y masiva, con familias completas acompañando desde distintos puntos del predio.
El cierre llegó cerca de las 4.10, cuando Soledad interpretó Brindis y, desde el público, le acercaron un bebé de siete meses que sostuvo en brazos mientras la multitud cantaba. Bajo el agua y con el poncho empapado, la artista bajó el telón de una noche que volvió a sellar su vínculo con Cosquín y su gente.