La edición 2026 del Festival Nacional de Folclore de Cosquín llegó a su cierre con una jornada marcada por la emoción colectiva y el cruce generacional. La noche del domingo ofreció un clima ideal, con cielo despejado y una luna que acompañó una programación diversa, donde convivieron referentes históricos y artistas de nuevas corrientes.
La apertura tuvo lugar en el Rincón de los Poetas con la participación de Ana María Mayol, llegada desde La Pampa, antes del inicio formal con el himno nacional y el tradicional espectáculo de fuegos artificiales. El comienzo musical quedó en manos de Peteco Carabajal junto a Riendas Libres, que aportaron un repertorio de raíz folklórica y encendieron la plaza con chacareras.
Más tarde, Teresa Parodi desplegó un set que combinó composiciones propias con clásicos de la canción popular, cerrando con una presentación cargada de contenido social y gestos de inclusión. Su paso por el escenario reforzó el tono reflexivo de una noche atravesada por mensajes de identidad y memoria colectiva.
La grilla continuó con Maggie Cullen, que mostró solvencia y frescura, acompañada por invitados que aportaron diversidad sonora y un clima festivo. El homenaje a los Hermanos Ábalos, a seis décadas de su debut en Cosquín, llegó de la mano de Gauchos of the Pampas, junto a Milena Salamanca y Orellana Lucca, mientras que Cuty y Roberto Carabajal sostuvieron la continuidad artística de la jornada.
En el marco de la noche final se entregaron los principales reconocimientos del festival. Cuty Carabajal recibió el premio Camín a la Trayectoria, Campedrinos fue distinguido con la Consagración, Wara Calpanchay obtuvo la Revelación en música y la pareja integrada por Fabiana González y Darío Flores fue premiada en danza. También se destacaron artesanos de Chubut y Buenos Aires en la Feria de Artesanías.
El cierre llegó de madrugada con la presentación de Milo J, que irrumpió con una puesta visual impactante y un repertorio que integró sonidos urbanos con elementos del folclore. A lo largo de su show se sucedieron cruces con artistas consagrados y jóvenes músicos del interior, en una secuencia que reafirmó el diálogo entre generaciones.
El tramo final estuvo atravesado por momentos de alta emotividad, con canciones que apelaron a la memoria familiar y a los grandes referentes de la música popular argentina. La recuperación de registros históricos y su integración con una propuesta contemporánea terminó de sellar una despedida que dejó a la plaza cantando al unísono.
De esta manera, Cosquín 2026 cerró una edición que reafirmó su identidad como espacio de encuentro entre la tradición y las nuevas expresiones, manteniendo vigente el espíritu del festival más emblemático del folclore argentino.