La actriz, directora y dramaturga Lorena Vega visitó el piso de Telefe Noticias para presentar Yo, Encarnación Ezcurra, un unipersonal que pone en primer plano la figura de María de la Encarnación Ezcurra, una de las mujeres con mayor poder político en las Provincias Unidas del Río de la Plata y esposa de Juan Manuel de Rosas.
La obra propone un recorrido íntimo por las últimas horas de vida de Ezcurra, a partir de documentos históricos reales. “Es un unipersonal sobre este personaje histórico que es muy poco conocido y difundido, la pareja de Juan Manuel de Rosas”, explicó Vega. Según detalló, el punto de partida fueron las cartas que Encarnación escribió y que hoy forman parte del patrimonio histórico argentino.
Una mujer con voz propia en el siglo XIX
Vega remarcó que Ezcurra fue una excepción para su tiempo. “Una de las pocas mujeres que en esa época accedía a la educación, entonces podía leer y escribir”, señaló. En esas cartas, agregó, aparece una figura compleja y potente: “En esas cartas se conoce un poco quién era ella, qué pensaba, cómo era su tono, su modo, una persona que tenía humor y era muy irónica”.
A partir de ese material, la dramaturga Cristina Escofet construyó el texto del unipersonal. “A raíz de esas cartas, Cristina Escofet arma esta historia, este unipersonal, que serían las últimas horas de vida de Encarnación”, contó Vega. En escena, el personaje recuerda momentos centrales de su vida política y personal. “Ella está en su casa rememorando momentos importantes de su vida y junto a Juan Manuel”, explicó.
Identificación, decisión y frustración
Consultada sobre cuánto hay de ella en el personaje, la actriz reconoció puntos de contacto. “Me siento identificada en muchas cosas”, afirmó. Y profundizó: “Cuando actuás, le brindás al personaje algo propio, indagás en vos misma para ver qué tenés de eso”. En ese proceso, sostuvo, los personajes funcionan como espejos: “Siempre los personajes llegan y te hablan de algo que seguramente tenés”.
Vega destacó que Ezcurra encarna conflictos que siguen vigentes. “Encarnación representa a muchas mujeres”, afirmó, y enumeró rasgos que atraviesan la obra: “Hay mucha decisión, mucha frustración por no ser escuchada, porque no le den el lugar a la altura de lo que ella brinda sobre su trabajo y la actividad política”. Para la actriz, se trata de experiencias que aún hoy resultan reconocibles. “Muchas cosas que nos pueden representar a todas”, sintetizó.
Libertad creativa y respuesta del público
La construcción del personaje también implicó un desafío escénico particular. “No hay videos o fotos de referencia, entonces tuvimos un poco de libertad al armarla”, explicó Vega, quien describió ese vacío como “un terreno amplio para imaginarla”.
Sobre la recepción del público, la actriz se mostró sorprendida por el impacto de la obra. “Una gran sorpresa el interés por seguir conociendo a Encarnación, por conocer a otras mujeres de la historia”, sostuvo. Ese interés, según relató, genera nuevas preguntas: “Si estaba ella, que era tan importante, tiene que haber más”.
Vega subrayó que, aunque la obra se sitúa en el siglo XIX, dialoga con el presente. “Es una obra que habla de un momento lejano en nuestra historia, sin embargo tiene mucha actualidad”, afirmó. Y concluyó: “Genera un entusiasmo y un fervor que era una ilusión cuando empezamos, pero no sabíamos qué iba a pasar”.
El recorrido de Yo, Encarnación Ezcurra también se refleja en el reconocimiento obtenido desde su estreno. “Por esta obra, por Encarnación, tengo un premio ACE a Mejor Unipersonal y Mejor Actuación en Unipersonal”, destacó Vega, y subrayó que el espectáculo fue distinguido en múltiples categorías a lo largo de su trayectoria. “La obra tiene un montón de premios en sus distintas categorías. En la música, por ejemplo, siempre ganó todos los premios a los que fue nominada”, señaló.
En ese sentido, la actriz puso en valor el trabajo musical que acompaña la puesta. En escena la acompañan Victoria Tolosa, quien interpreta la voz cantada de Encarnación, y Martín Miconi. “Son dos músicos increíbles, de folclore, combinando lo tradicional y lo contemporáneo”, explicó. Para Vega, la música es una pieza clave del relato escénico y forma parte del reconocimiento que fue cosechando la obra a lo largo de los años.
Más allá del unipersonal, la actriz atraviesa un presente marcado por la visibilidad que le dieron sus trabajos audiovisuales. Consultada por el Martín Fierro que recibió, aclaró que el premio llegó por su participación en tres series recientes: Envidiosa, En el barro y El fin del amor. “La sensación de familiaridad con la gente es muy hermosa. Es como entrar a la casa a través de un personaje que el público quiere, que le hace bien, que le genera risa. Hay una complicidad, como si te conocieran de toda la vida”, describió.
Ese vínculo con el público, aseguró, también fortalece su trabajo teatral. “Estoy muy agradecida por lo que pasa. Me permite viajar, conocer gente, intercambiar, tener diálogos como si nos conociéramos de toda la vida, y eso genera una nutrición con el teatro”, afirmó. En ese sentido, celebró que muchas personas se acerquen a ver sus obras luego de conocerla por sus personajes en series: “Fue muy nutritivo en todo sentido”.
Con una extensa trayectoria en el teatro independiente, Vega reflexionó sobre sus comienzos y el camino recorrido. Al pensar en la adolescente que se acercó por primera vez a una clase de teatro, sostuvo: “Qué suerte que se animó. Qué lindo haberse arrojado a algo desconocido, sin expectativas, con entrega e ingenuidad”. Y agregó: “Me parece que es bueno que te animaste y que confiaste”.
De cara al futuro, la actriz aseguró que los desafíos continúan en todos los terrenos. “Siempre la nueva obra, la nueva película, la nueva serie va a ser un desafío. La actividad artística y creativa es muy difícil”, reconoció. En lo inmediato, adelantó que volverá a los escenarios en marzo como directora con Testosterona, una obra de teatro documental basada en el relato en primera persona del periodista Cristian Alarcón. “Si Yo, Encarnación Ezcurra es un monólogo histórico, Testosterona trabaja con archivos y con la idea de que cada persona es un archivo viviente”, concluyó.