El desabastecimiento de agua afecta actualmente a 2,7 millones de cubanos en todo el país. La crisis energética y la escasez de combustible impiden el funcionamiento normal del sistema de distribución hídrica. Las autoridades confirmaron que el servicio opera con apenas el 37% del combustible necesario para garantizar el suministro a una población de 9,7 millones de habitantes.
Antonio Rodríguez, presidente del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, expuso la gravedad de la situación en una reciente mesa redonda. El funcionario explicó que el bombeo de agua depende estrictamente de la disponibilidad eléctrica. Además, la limpieza de fosas y la desobstrucción de redes están paralizadas por la falta de energía.
La falta de suministros se refleja en una caída drástica de la inversión para reparaciones esenciales. De una capacidad de compra anual de 100 millones de dólares, el instituto apenas logró adquirir 10 millones el último año. Esta carencia de piezas y químicos esenciales impide el correcto tratamiento y distribución del agua potable.
La infraestructura hídrica de la isla presenta un estado obsoleto tras años de falta de mantenimiento. Ciudades densamente pobladas como La Habana, Santiago de Cuba y Matanzas son las más perjudicadas por esta falla estructural. Muchos edificios dependen totalmente de la electricidad para elevar el agua hasta sus tanques superiores.
Las sanciones internacionales y el cerco petrolero han profundizado el escenario adverso que enfrenta la población. Cuba produce actualmente solo el 40% del combustible que demanda para sus actividades básicas. Esta limitación energética, sumada a los cortes de luz de hasta 20 horas, mantiene a las familias en una incertidumbre constante.
El gobierno cubano intenta mitigar la crisis mediante la implementación acelerada de energía solar. Sin embargo, los expertos advierten que estas tecnologías requieren inversiones de capital muy elevadas a largo plazo. Mientras tanto, el reparto irregular de cisternas persiste como la única respuesta paliativa ante el desabastecimiento crónico.
La población continúa recorriendo las calles cargando tanques en busca de agua para sus necesidades diarias. Los proveedores internacionales mantienen contratos en suspenso debido a la inestabilidad económica y financiera del país. La crisis hídrica se consolida como uno de los desafíos más urgentes y críticos en el contexto cubano actual.