José tiene 47 años y con profunda tristeza vio como en pocos minutos el fuego transformó sus pocas pertenencias en cenizas.
Las llamas se apropiaron del domicilio incluso se cobró la vida de su única compañía, un perro que compartía con él la soledad.
La casa no tenía ni luz ni agua debido a la falta de pago de los servicios. José está desempleado desde hace un tiempo e iluminaba su hogar con velas.
Aparentemente, una vela encendida en la cocina y un descuido del morador fueron la combinación perfecta para que todo quede carbonizado.