El pasado 13 de enero, un niño de 11 años terminó con la vida de su padre adoptivo, Douglas Dietz, en la localidad de Duncannon Borough, Pensilvania. El incidente, que tuvo lugar el día del cumpleaños del menor, se desencadenó cuando el adulto le quitó su dispositivo de videojuegos para que fuera a dormir. El preadolescente, identificado como Clayton Dietz, fue imputado por homicidio criminal y permanece detenido sin fianza mientras su defensa busca trasladar el caso a un tribunal de menores.
Según los documentos judiciales, el niño se enfureció cuando su padre le ordenó descansar y le retiró el aparato electrónico. En su intento por recuperar el objeto, el menor logró encontrar la llave de la caja fuerte de su progenitor. Sin embargo, en lugar del dispositivo, halló un revólver que decidió cargar para confrontar a su padre.
El pequeño se dirigió al costado de la cama donde el hombre descansaba y accionó el arma sin medir las consecuencias. Jillian Dietz, esposa de la víctima, relató que despertó sobresaltada por el estruendo y el fuerte olor a pólvora en la habitación. Al acercarse, la mujer descubrió que su marido sangraba de forma abundante tras recibir el impacto a corta distancia.
La confesión del menor fue instantánea y desgarradora frente a sus familiares y las autoridades presentes. Al entrar al cuarto, el niño le gritó a su madre: "Papá está muerto", admitiendo posteriormente ante la policía que él lo había matado. Durante los interrogatorios, el joven reconoció que estaba enojado y que "no pensó" en la gravedad de sus actos.
El niño, que fue adoptado por la familia en 2018, llegó al tribunal de Pensilvania esposado y bajo una fuerte custodia policial. Las imágenes del traslado se volvieron virales en redes sociales, mostrando al menor con una expresión inexpresiva ante la prensa. Actualmente, la justicia estadounidense mantiene al preadolescente bajo arresto mientras se define si será juzgado definitivamente como un adulto.