¿Vida después de la muerte? Patentan tecnología para crear clones digitales con IA

Una nueva patente busca que los perfiles en redes sociales de personas fallecidas sigan activos mediante clones digitales. Esta herramienta de inteligencia artificial podría simular el comportamiento y tono de voz de los usuarios tras su partida.


20 feb, 2026 11:14
Curiosidades: ¿Vida después de la muerte? Patentan tecnología para crear clones digitales con IA

El avance de la inteligencia artificial ha permitido el desarrollo de una patente para mantener activas las cuentas de personas fallecidas en redes sociales. Esta tecnología busca crear un clon digital que replique la personalidad y el comportamiento del usuario original de forma automatizada. El debate ético se centra ahora en quién posee los derechos sobre la identidad digital una vez que termina la vida biológica.

Los especialistas advierten que estos clones digitales se alimentan de la información cotidiana que los usuarios comparten en sus redes. La herramienta es capaz de predecir respuestas y copiar con exactitud el tono de voz de la persona. Esto genera una simulación persistente que permite a la cuenta seguir interactuando como si el usuario estuviera vivo.

Expertos en tecnología señalan que este sistema puede crear una imagen distorsionada de la realidad del individuo. Al basarse solo en lo que se publica en internet, el clon digital solo refleja una parte sesgada de la personalidad. Existe una preocupación creciente sobre si las empresas deben tener la potestad de gestionar estas identidades póstumas.

La posibilidad de que una inteligencia artificial sobreviva al ser humano plantea interrogantes sobre el derecho al duelo. Muchos consideran que la existencia debe ser finita y que reemplazar a un ser querido con un algoritmo es una decisión compleja. Es fundamental que los usuarios puedan decidir sobre su sobrevida digital antes de fallecer.

Actualmente, la tecnología ya permite procesar archivos de identidad para generar agentes digitales que actúan de forma autónoma. El debate no es técnico, sino humano, sobre los límites que debemos poner al avance de estas herramientas. La sociedad se enfrenta al reto de legislar sobre la propiedad de nuestra esencia en el mundo virtual.



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