Aunque hoy es una de las preparaciones más tradicionales del 1° de mayo en el país, el locro no tiene un origen directamente ligado al Día del Trabajador. Sin embargo, con el paso del tiempo, la costumbre fue ganando terreno hasta transformarse en parte central de los festejos populares, sindicales y familiares.
La incorporación de este plato a la fecha conmemorativa se dio años después de los hechos que dieron origen al Día del Trabajador, vinculados a las protestas obreras de 1886 en Chicago. Recién a partir de mediados del siglo XX comenzó a consolidarse su presencia en actos y encuentros masivos.
Su elección no es casual: el locro permite rendir grandes cantidades de porciones, se prepara en una sola olla y resulta más práctico que otras alternativas tradicionales, como el asado. A esto se suma la accesibilidad de sus ingredientes y su amplia aceptación en distintos sectores sociales.
Con el tiempo, su presencia se volvió habitual en celebraciones organizadas por sindicatos y agrupaciones de trabajadores, reforzando su vínculo con la identidad obrera. Hoy, la tradición se expandió también a hogares, restaurantes y espacios gastronómicos, donde el locro se mantiene como un emblema infaltable cada 1° de mayo.