La compleja situación, se desencadenó cuando se procedió al desalojo de la toma de tierras de un campo colindante, el párroco ofreció el lugar, para que las familias no quedasen a la deriva, hasta pudieran encontrar algún tipo de solución, al problema habitacional.
De todas las familias desalojadas, más de 45, fueron dos las que quedaron viviendo en la parroquia y no se quisieron ir.
En el templo, se llegó a vender desde lencería, hasta pollos a la parrilla.
A mediados de setiembre, en las fiestas patronales, volverán a reinaugurar la Capilla y a darle el fin que tenía originalmente.