En Bienestar, conversamos con Cris Schwander, especialista en mindfulness, liderazgo, inteligencia emocional y bienestar, sobre cómo comprender y gestionar esta emoción.
Una emoción que nos invita a actuar
Las emociones funcionan como señales internas. Cada una nos invita a accionar de determinada manera frente a lo que estamos viviendo.
“El enojo no es una emoción negativa”, explica Schwander. “Toda emoción nos está diciendo algo sobre lo que está pasando y sobre cómo lo estamos interpretando”.
Los seres humanos somos sentipensantes: pensamos y sentimos al mismo tiempo. Por eso, reconocer nuestras emociones es un paso clave para desarrollar mayor conciencia y bienestar.
Dos tipos de enojo
Según explica Schwander, el enojo puede manifestarse de diferentes maneras. En términos generales, pueden identificarse dos tipos:
Enojo asertivo: aparece cuando logramos expresar lo que sentimos de forma clara y respetuosa. Puede ayudarnos a poner límites, defender nuestras necesidades o señalar algo que consideramos injusto.
Enojo exagerado: ocurre cuando la intensidad emocional es tan alta que terminamos reaccionando de manera desproporcionada.
La importancia de la intensidad emocional
Las emociones no solo se diferencian por su tipo, sino también por su intensidad. Por eso, aprender a observar lo que sentimos y prestar atención a esas señales internas es fundamental.
En muchos casos, antes de reaccionar, algo tan simple como respirar puede ayudarnos a tomar distancia y responder de una manera más consciente.
Comprender el enojo, reconocerlo y gestionarlo adecuadamente es parte del camino hacia una vida con mayor equilibrio emocional y bienestar.