En marzo, la suerte del gobierno constitucional que había elegido el pueblo en elecciones libres estaba echada. El 24, una junta de comandantes de las tres fuerzas militares comenzaba a escribir otra tragedia golpista conocida como “Proceso de Reorganización Nacional”, iba a ser la carnicería más pavorosa que retrate la historia argentina.
Las fuerzas armadas habían asumido el control político de la nación, pisoteando la Constitución Nacional que les ordena subordinación a las autoridades civiles. La persecución, arresto, tortura y muerte de la dirigencia política y sindical, más el copamiento de la justicia y el control absoluto de la prensa, convirtieron al sexto golpe cívico-militar en una perfecta maquinaria de sometimiento, al servicio de intereses extranjeros y la oligarquía nacional.
Siete años más tarde, vencidos por el descrédito luego de la derrota de Malvinas y el cruel ejercicio del poder que usurparon, quedaban 30 mil desaparecidos, 400 niños robados, la nación productiva en cenizas y una deuda externa que comprometería para siempre los destinos de la Argentina.
Informe: Néstor Pérez
Edición: Marcelo Mendoza