"Mi hijo viene llorando diciendo que hugo había matado a la perra", contó la dueña de Kika, la perra que fue ultimada de un balazo propinado por un vecino.
El hecho sucedió el pasado 26 de mayo. El sujeto quedó imputado por los delitos de maltrato animal y amenazas.
Por orden de la justicia, le efectuarán un embargo que asciende a los 300 mil pesos, un caso sin precedentes en la juridisprudencia.
"O me pagás el asado, o limpias la sangre", le dijo el agresor al hijo de la dueña de Kika. El menor de 10 años, que presenció el cruento episodio, permanece bajo tratamiento psicológico.