El reloj avanza hacia las 18 en Barcelona y, con él, hacia una decisión irreversible. Para Noelia Castillo Ramos, no se trata de un instante más, sino del final de un camino marcado por el dolor, la resistencia y una larga batalla legal que mantuvo en vilo a la opinión pública española.
La joven de 25 años recibirá este jueves la eutanasia en el hospital Sant Camil, en Sant Pere de Ribes. El procedimiento, cuidadosamente regulado, se extenderá durante 15 minutos. Según el protocolo médico, se le administrarán tres fármacos por vía intravenosa: los dos primeros inducirán una sedación profunda, mientras que el tercero provocará un paro respiratorio, garantizando —según los especialistas— que no haya sufrimiento.
La historia de Noelia está atravesada por la tragedia. Tras sufrir una agresión sexual múltiple, intentó quitarse la vida arrojándose desde un quinto piso. Sobrevivió, pero el impacto le dejó una paraplejia medular completa: no puede moverse de la cintura para abajo, padece dolores neuropáticos constantes e incontinencia. Frente a ese cuadro, en 2024 inició el proceso para acceder a la muerte asistida.
Lo que comenzó como un trámite médico pronto se convirtió en un conflicto judicial. Su padre se opuso firmemente e intentó frenar la decisión en los tribunales, dando inicio a una disputa que se extendió durante 20 meses. El caso escaló hasta que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos avaló el derecho de Noelia, inclinando definitivamente la balanza.
En el plano familiar, la despedida también está marcada por tensiones. Su madre, Yolanda, aunque en desacuerdo con la decisión, eligió acompañarla. Sin embargo, no podrá estar presente en el momento final: Noelia decidió atravesar el procedimiento únicamente junto a su médico, en una habitación cerrada y en silencio.