Cristian Espeche, de 39 años, llegó a Córdoba desde Catamarca con una mochila, algo de ropa y 40 mil pesos para probar suerte en el rubro gastronómico. Había bajado en la Terminal de Ómnibus sin contactos ni referencias, pero a pocas horas fue víctima de un brutal ataque de una patota, que lo dejó golpeado y desorientado.
Tras lo ocurrido, su única intención era regresar a su provincia. Sin dinero, sin conocer la ciudad y afectado por la violencia sufrida, Cristian quedó en una situación crítica.
Entre quienes se sensibilizaron con su historia, hubo una familia en particular: Verónica Reynoso, Darío Salica y su hijo Exequiel. Ellos también son oriundos de Catamarca y llegaron a Córdoba hace años en condiciones similares, con la intención de encontrar trabajo y un futuro mejor. En ese momento, se instalaron en la ciudad con un hijo recién nacido y otro en camino.
“Fue como si le hubiese pasado a uno de mis hijos”, expresó Verónica. Decidieron acercarse, llevarle comida y acompañarlo. Darío contó que lo encontraron en plaza Colón, “desorientado, muy golpeado”, y que hacía horas que no comía.
Cuando le preguntaron qué quería hacer, Cristian fue claro: “me quiero volver”. Sin dudarlo, la familia le compró un pasaje y lo acompañó hasta la terminal para que pudiera regresar a su provincia.
Horas más tarde, cerca de las 23, recibieron la confirmación: Cristian había llegado a Catamarca y se reencontró con su familia. “Está bien, está con su familia”, señalaron.