"Me apasiona el body art" dice Hans mientras muestra sus ojos infiltrados con tinta y su cabeza con implantes de siliconas subdérmicos. Se sacó también la punta de las orejas y tiene la lengua bífida. "Una de las cosas que más feliz me hace es modificar mi cuerpo, y lo hago por un gusto estético que puede tener que ver con que me apasiona el mundo extraterrestre". Ayer por la tarde el "Cuero" Miller, uno de los tatuadores más reconocidos de Córdoba, fue el que le terminó le tatuaje en la cabeza.
Hans manifestó que cuando arrancó con este tipo de arte en su cuerpo su mamá tuvo mucho miedo de que se quedara solo, pero que eso no pasó. En unas semanas tiene turno en Buenos Aires para tatuarse las encías y para extraerse las tetillas. "Hasta que no tenga el 100 por ciento del cuerpo tatuado no voy a parar".