El día después del doble robo en una despensa y una bicicletería de Córdoba dejó un saldo que supera lo material para José Pablo y Darío. Los emprendedores sufrieron la pérdida de mercadería y frutos de trabajo, pero lo que más les duele es un televisor con valor sentimental. El aparato fue un regalo de su madre poco antes de fallecer y representaba un vínculo emocional sagrado para ambos.
Los dueños del local apostaron todo al crecimiento de su negocio para ofrecer un mejor servicio. Decidieron llevar el televisor de su casa a la despensa para que los clientes pudieran ver partidos de fútbol. “Nos quedamos sin la tele en casa por seguir progresando y haciendo que crezca la despensa”, explicó José Pablo con profunda tristeza.
La iniciativa buscaba atraer más público al comercio mediante la instalación de mesas y un ambiente cálido. Darío recordó que su madre solía ver las novelas en ese mismo aparato antes de que ellos se mudaran juntos. El esfuerzo por mejorar el emprendimiento terminó convirtiéndose en una pérdida irreparable para la familia.
A pesar de que los delincuentes causaron un fuerte impacto en las finanzas del local, el golpe emocional es mayor. “Duele más el tele, era lo único que nos quedaba de ella”, confesó José tras el violento episodio. Los hermanos aseguran sentir una mezcla de bronca e impotencia por la situación de inseguridad que atraviesa el barrio.
"El daño económico lo vamos a superar trabajando duro como siempre, pero algo hay que hacer para que esto deje de pasar".
La despensa comenzó desde cero y hoy cuenta con el reconocimiento y apoyo de todos los vecinos cercanos. José Pablo destacó que no piensan rendirse y que seguirán luchando por sus sueños a pesar del mal momento. “Córdoba nos dio mucho y entre todos nos tenemos que cuidar”, concluyó el comerciante en un mensaje esperanzador.
Los hermanos esperan que su historia sirva para visibilizar la realidad de los trabajadores que buscan salir adelante. Por ahora, se enfocan en reconstruir lo perdido y continuar con el legado de esfuerzo que les dejó su madre. La comunidad se mantiene alerta mientras ellos intentan transformar el dolor en fuerza para seguir abriendo sus puertas.