La identificación de restos en sitios vinculados al terrorismo de Estado es el resultado de un trabajo científico minucioso, sostenido durante años y muchas veces sin certezas. Así lo describe el genetista forense Carlos Vullo, integrante del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), quien participó en las tareas realizadas en el predio de La Perla.
Bioquímico egresado de la Universidad Nacional de Córdoba y doctor en Ciencias Químicas, Vullo forma parte de un equipo que combina investigación científica con una profunda dimensión humana. “Buscamos años y muchas veces no hay resultados”, señala, al explicar la complejidad de los procesos de identificación. Sin embargo, cada avance representa un paso fundamental: “Hasta ahora encontramos 12, pero esperamos que sean muchas más”.
El trabajo comienza mucho antes de la confirmación de una identidad. Según detalla, los restos con los que trabajan “nos los entregaron en diciembre del año pasado” y desde entonces se desarrollan análisis genéticos y comparaciones que requieren tiempo, precisión y múltiples instancias de verificación.
Para el EAAF, cada coincidencia no es solo un dato científico, sino un acto de reparación. “El hallazgo de una coincidencia significa una identificación, devolver una identidad, un nombre”, explica Vullo. Ese momento, que corona años de trabajo silencioso, también tiene un fuerte impacto emocional en las familias.
“Se siente emoción. Uno conoce que la familia siente alegría, tristeza, alivio, un montón de sensaciones que son difíciles de conciliar todas juntas”, reflexiona. En esa mezcla de emociones se sintetiza el sentido de una tarea que va más allá de la ciencia: reconstruir historias, cerrar búsquedas y aportar a la memoria colectiva.