El clásico cordobés volvió a llenarse del color de las dos hinchadas el domingo pasado que protagonizaron una verdadera fiesta, llena de pasión y fútbol, que se coronó en el estadio Kempes.
Desde temprano, los colores de las dos parcialidades comenzaron a inundar las calles de córdoba para confluir en el tan ansiado partido, que tuvo como protagonistas a los jugadores, pero principalmente a los fanáticos de ambos equipos, que dejaron una jornada de convivencia deportiva a la que estuvo atento todo el país.
Pese al tres a cero a favor de Talleres no se registró ningún tipo de inconveniente en todo el partido, ni durante la finalización del evento lo que lo convirtió en una verdadera fiesta.
El intendente Ramón Mestre, hincha de Talleres, llegó a la cancha con su camiseta albiazul y celebró el encuentro y sostuvo que “el mérito es de todos los habitantes de Córdoba y fundamentalmente, de los dirigentes de los dos clubes”.
Mestre bromeó tras mostrar su camiseta: “La nueve es la de Cossar y la 10 es la mía, así es el equipo”.
Los hinchas de ambas facciones vistieron de albiazul y celeste las tribunas que hasta ahora eran monocordes. La popular Artime fue la elegida para usar el celeste del pirata de Alberdi.