Cada vez estamos más conectados con todo. El trabajo, el celular, las obligaciones diarias que a veces trasladamos al hogar terminan siendo los factores que inciden en nuestra manera de comportarnos como familia.
Lo que hace años resultó ser un hábito, hoy el encuentro en la mesa familiar está en peligro. Algunos adolescentes prefieren cenar en sus habitaciones mirando televisión, otras veces la televisión termina siendo la protagonista de la mesa y la charla se transforma en silencio y así podemos enumerar diversos casos que se reiteran por el ritmo de vida que llevamos.
Nuestra columnista de sociedad, Liliana González insiste en la importancia de reunirse a la mesa y compartir una buena comida, alejados de las obligaciones laborales y prestando mucha atención al valor de la palabra de cada integrante que comparte sus ideas y pensamientos en el espacio más sagrado del hogar.