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Salud

Portada  |  21 julio 2022

Hablamos de clasificación de várices

La enfermedad venosa crónica es un problema que según la Sociedad de Cirugía Vascular, afecta aproximadamente al 40 por ciento de la población mundial

 Las  várices son  dilataciones de las venas  que, por diversas razones, no cumplen correctamente su función de llevar la sangre de retorno al corazón y por lo tanto, la sangre se acumula en ellas, se dilatan y se vuelven tortuosas. Según la Sociedad de Cirugía Vascular, la enfermedad de las venas afecta aproximadamente al 40  por ciento  de la población. Conocida como insuficiencia venosa crónica, la enfermedad de las venas se refiere a un grupo de síntomas y afecciones que indican que sus venas no transportan sangre sin problemas a través de las arterias y las venas.

Como muchas enfermedades, la enfermedad venosa crónica avanza por etapas. Según su aspecto y tamaño podemos distinguir los siguientes grados o tipos de varices:

  • Várices Grado I

Es la etapa donde las venas finas se ven de color violáceo, ya veces pueden tener forma estrellada, y es lo que conocemos como “arañas” vasculares.

  • Várices Grado II

En este grado las venas no mantienen un flujo de circulación óptimo, por lo que se van dilatando y haciendo cada vez más visibles, y es aquí cuando aparecen los primeros síntomas como la sensación de pesadez y cansancio en las piernas, calambres, hormigueos, sensación de calor o picor.

  • Várices Grado III

Llegada esta etapa, las venas están más dilatadas, tortuosas y muy antiestéticas visiblemente. En este nivel los síntomas van aumentando progresivamente manifestándose con hinchazón, edemas y cambios notables en la coloración de la piel.

  • Várices Grado IV

Aquí la persona comienza a sufrir un grave dolor, hinchazón y ulceraciones con zonas eczematosas, facilitando que la persona sea susceptible a cualquier infección ya que las heridas se manifiestan externamente.

  • Etapa 6:
  • Este ya es un estado severo porque se da cuando las ulceraciones de la piel pierden líquido verde o amarillo. Sucede porque la sangre no puede llegar a la piel debido a las venas obstruidas y por lo tanto, la piel no puede recibir nutrientes curativos. Con el tiempo, aparecen llagas o úlceras abiertas en las pantorrillas o los tobillos. Si no se tratan, estas dolorosas úlceras pueden provocar infecciones.

Con todo lo descrito, a medida que avanza la enfermedad, los síntomas pueden volverse cada vez más dolorosos y debilitantes. Por lo tanto, es clave que si detecta la enfermedad en su forma más temprana, debe buscar tratamiento en ese momento para evitar complicaciones adicionales. Y para conocer más sobre esta problemática, traemos este capítulo de Salud en 3 Minutos ,  junto a la experiencia y trayectoria del Dr. Alejandro Pedrazzoli, Flebólogo y Linfologo, Director del  Centro Pedrazzoli

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