Guiñazú, es el último barrio al norte de la ciudad de Córdoba. Siempre fue una zona de trabajadores rurales dónde las plantaciones de duraznos eran el principal ingreso de las familias productoras de la zona.
La quinta queda pasando el Liceo General Paz, principal escuela militar de Córdoba en la década del 70.
Allí, en Guiñazú, los Viotti compraron una Quinta de seis hectáreas para resguardar un dinero obtenido por la venta de unos galpones.
Corría el año 79, pleno proceso pero también una época donde la CIDH ya había logrado, al menos, sacar de la clandestinidad a La Perla. Sitio de las mayores torturas de la provincia.
Los militares necesitaban otro centro y fue así que se apropiaron de la Quinta de los Viotti. No solo les quitaron la propiedad y todos los bienes muebles sino que además secuestraron al padre de la familia y a su hijo de tan solo 16 años (ambos lograron sobrevivir no sin antes sufrir severas torturas).
A ese lugar, alejado de la ciudad y dónde no se escuchaban los desgarradores gritos de los torturados secuestrados, fueron llevados Rubén Amadeo Palazzesi, su cuñado Nilveo Cavigliasso y Jaime García Vieyra, este último por ser amigo de Palazzesi.
Rubén Palazzesi no sobrevivió a las torturas. Mientras lo picaneaban y lo golpeaban lo único que le preguntaban era ¿"Donde está el palo verde"? Un millón de dólares que, supuestamente, tenía escondidos.
Jaime García Vieyra es uno de los sobrevivientes de la Quinta de Guiñazú y es el principal testigo de la 13º causa de lesa humanidad que se sustancia en los tribunales federales de Córdoba dónde se investigan los crimenes y torturas que allí se cometieron.
Están imputados Ernesto «el nabo» Barreiro, Carlos «hb» Díaz y Carlos «principito» Villanueva. La particularidad de esta causa es que las víctimas fueron llevadas a esta granja y casa quinta ubicada en la zona de Guiñazú que había sido convertida en lugar de reclusión clandestina, luego de robarla al secuestrado Silvio Viotti y a su hijo de sólo 16 años en lo que se conoció como «operativo Escoba»
Silvio Viotti, secuestrado y torturado en su propia casa le contó a Telefe Noticias que a la quinta la saquearon completamente porque se llevaron hasta las puertas, las ventanas y el piso. "Ese piso de pinotea hermoso hoy está colocado en la casa de un militar de segundo rango en el barrio Juniors".

Jaime García Vieyra es sobreviviente de este centro de torturas. Después de 44 años aceptó volver al lugar donde fue torturado y dónde escuchó el sufrimiento, la agonía y la muerte de su amigo Palazzesi.
Recuerda que en esos interminables días disputaba, por las noches, esposado, vendado en los ojos y tirado en el sótano, su comida con las ratas. Durante el día lo colgaban de las manos a un gancho mientras lo golpeaban.
Con mucha ironía se define como "El hombre de los sótanos" porque también lo confinaron en un subsuelo mugriento cuando lo trasladaron al Campo de la Ribera.
El genocida Luciano Benjamín Menéndez y sus secuaces fueron secuestradores, violadores, torturadores, asesinos despiadados, y también ladrones. Así quedó demostrado en los doce juicios por lesa humanidad que ya se hicieron en Córdoba.
El militar más temido de Córdoba también asistía asiduamente a la Quinta de Guiñazú. Un lugar apropiado por la Dictadura que, a 40 años de vivir en Democracia, la familia Viotti sigue sin recuperar.