El primer testimonio es de Graciela Geuna, una sobreviviente de La Perla.
Fue secuestrada cuando tenía 20 años, su esposo fue asesinado y tras el tormento y las torturas asegura que lo que la mantuvo viva fue el amor de sus compañeros y el recuerdo de su marido.
Entiende que se pudo hacer justicia pero qué hay cierta impunidad ya que el 80% de los genocidas tiene prisión domiciliaria.
El segundo testimonio es de Ricardo Sosa, quien estuvo preso durante la dictadura y uno de los lugares de detención fue la ex cárcel de San Martín.
El ministro de Obras Públicas pudo derribar algunos muros y entiende que habiendo estado del otro lado fue simbólicamente un paso a la libertad.
Asegura que que no hay que olvidar y que a él lo mantuvieron vivo sus ideales, sus compañeros y su familia.