Tras medio siglo de incertidumbre, la identificación de los restos de Eduardo Valverde, conocido como “Tero”, en la zona de Loma del Torito —cercana al centro clandestino de detención La Perla— da un giro profundo a la conmemoración del 24 de marzo para su familia.
Valverde, de 36 años y padre de dos hijos pequeños, era abogado defensor de presos políticos y exfuncionario del gobierno de Ricardo Obregón Cano. El 24 de marzo de 1976, mientras el país se sumía en la oscuridad del golpe de Estado, salió de su casa con las llaves del auto para responder a una citación militar de la que nunca regresó. Como recuerda su hijo Atilio, “lo secuestraron el mismo 24 de marzo, él se presentó voluntariamente cuando lo fueron a buscar, por su profesión, era abogado”.
Antes de su secuestro, Valverde se había dedicado a denunciar abusos de poder y los golpes anteriores. Tras ser detenido por el Ejército, en manos del Tercer Cuerpo, su madre comenzó a recorrer cárceles y a enfrentar a militares y políticos mientras presentaba habeas corpus por sus compañeros. La madre de Atilio, por su parte, continúa hasta hoy como incansable luchadora por los Derechos Humanos.
La noticia de la identificación conmueve a la familia. “Estamos muy conmocionados, nunca pensé que de esas 12 identidades iba a tener la suerte de poder recuperar parte de lo que fue el cuerpo de mi padre”, afirma Atilio. La recuperación de sus restos, en un contexto donde alrededor de 2.500 a 3.000 víctimas pasaron por La Perla, "la posibilidad de que sea era mínima y sucedió”, señala.
Este hallazgo reafirma la vigencia de la memoria, la verdad y la justicia. “No es un dicho, es algo que se vivencia, tan actual”, concluye su hijo, recordando a un hombre que fue “chupado por el Ejército dentro de la Aeronáutica, era una figura política previa, había sido derrocado y cuando lo fueron a buscar solo estaba ejerciendo su profesión”. La historia de Eduardo Valverde se suma así al relato de quienes lucharon y siguen luchando por los derechos humanos en Argentina.