“Lo seguimos esperando”: memoria, dolor y perdón en la familia de Daniel Ortega

A 50 años del golpe, la esposa y el hijo de una de las víctimas de La Perla reconstruyen su historia atravesada por el terrorismo de Estado, la ausencia y la búsqueda continua de la verdad.


25 mar, 2026 09:29
“Lo seguimos esperando”: memoria, dolor y perdón en la familia de Daniel Ortega | Córdoba
Córdoba: “Lo seguimos esperando”: memoria, dolor y perdón en la familia de Daniel Ortega

En el marco de la conmemoración por los 50 años del golpe de Estado, la familia de Daniel Ortega —una de las víctimas del centro clandestino de detención La Perla— volvió a poner en palabras una historia marcada por la violencia, la pérdida y la memoria.

Emilia Esther Sánchez, su esposa, revive aquellos días con una mezcla de dolor y fortaleza. “Gracias a Dios lo encontramos, apareció en la morgue del Hospital San Roque, pudimos sepultarlo”, cuenta, en referencia a la identificación de sus restos tras la incertidumbre. Su testimonio también reconstruye el horror vivido en carne propia: “Me llevaron a Campo de la Rivera, después de llevarse a mi esposo. Me torturaron y luego me dejaron libre”.

Al momento del secuestro, Emilia estaba con su familia. “Estaba con mi hermana, sus hijos y los míos, solo me llevaron a mí y ellos escaparon”, recuerda. A partir de entonces, debió reconstruir su vida atravesada por la ausencia. “Me hice fuerte por mi marido”, dice, sintetizando una resistencia silenciosa que se extendió durante décadas.

Medio siglo después, el paso del tiempo no borra las huellas. “50 años pasaron, parece ayer. Recordar esto…”, expresa conmovida. Sin embargo, su testimonio también deja lugar a una reflexión íntima: “Los he perdonado”, afirma, en una frase que condensa una experiencia profundamente personal frente al dolor.

Julio César Ortega, hijo de Daniel, también carga con esa historia. “Yo estaba en el colegio cuando lo fueron a buscar”, recuerda. Para él, la memoria no es un relato heredado, sino una vivencia directa: “Esto pasó, esto fue real, lo viví yo, mi mamá, mi hermana”.

La ausencia de su padre marcó su vida desde entonces. “Nos quitaron la infancia con nuestro padre”, dice. Y, aún hoy, la espera persiste como una herida abierta: “Me acuerdo de él, todavía lo sigo esperando”.

En sus voces, la historia de Daniel Ortega se mantiene viva, no solo como recuerdo, sino como parte de una memoria colectiva que sigue buscando, nombrando y reconstruyendo.



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