En medio de un contexto económico crítico, el comedor comunitario “Ángel de la Guarda”, ubicado en el corazón de Barrio San Ignacio, atraviesa un nuevo golpe: le robaron la moto a Yésica Heredia, la mujer que convirtió su casa en un lugar donde más de 200 personas —en su mayoría chicos— reciben desayuno, merienda y, cuando puede, también cena.
La moto era su herramienta para salir a buscar cartones, una forma de generar ingresos para sostener el comedor. Desde el robo, Yésica empuja un carrito a mano.
Una vecina que asiste al comedor no pudo evitar las lágrimas al hablar de ella. “Yo soy una abuela con 34 nietos que vienen a la merienda de Yésica”, dijo conmovida. “Lo que yo pido es que la ayuden”.
Con esfuerzo y generosidad, Yésica también armó una feria de ropa para que las familias puedan generar ingresos: “Ella nos ayuda a nosotros porque ha puesto una feria donde vendemos ropa para que nosotros también tengamos la moneda”, agregó. “Estoy muy agradecida”.
La vecina insistió en la necesidad urgente de una solución: “Necesito que se pongan en el lugar de ella y la ayuden”. Y agregó: “Que le den una movilidad que la necesita realmente”.
El pedido también refleja el contexto social del barrio: “Hay una pobreza acá”. Luego explicó una de las tantas dificultades cotidianas: “Cuando los padres pueden trabajar, lamentablemente llueve y no pueden trabajar en las obras”.
Cerró su testimonio con gratitud: “No alcanza. Estoy muy agradecida con la Yésica”. Y lo resumió todo en una frase: “Acá en el barrio hay muchos comedores que no hacen lo que hace ella”.
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