En los pasillos de tribunales, hay una historia que emociona. Es la de Ivana Canessini y Bella, su perra guía, una compañera inseparable que no solo la asiste: le cambió la vida.
Bella es una labradora entrenada para guiar a personas ciegas y desde hace casi dos años acompaña a Ivana en cada paso. “Es mi perra guía, está todo el día conmigo, me ayuda en un montón de cosas”, cuenta. La asiste en la orientación y movilidad, detecta escaleras, esquiva obstáculos y la guía en la calle. “Me permite manejarme con mayor seguridad y también más rápido”, explica.
Ivana, abogada y secretaria en la fiscalía a cargo de Enrique Senestrari, comparte con Bella su rutina laboral. Durante la jornada, la perra permanece a su lado, concentrada en su tarea. “Cuando tiene el arnés está trabajando, no se la puede distraer. Pero cuando está sin él, es como cualquier perro, tranquila y compañera”, detalla.
El vínculo entre ambas comenzó tras un proceso de entrenamiento de dos años en el Centro de Entrenamiento de Perros Guía Argentina. Luego, convivieron durante semanas para adaptarse mutuamente. “Fue bastante natural nuestro acople, aprendimos juntas a movernos en mi rutina”, recuerda Ivana.
Para ella, Bella es mucho más que una herramienta de asistencia. “Es mi compañera en todo, vamos prácticamente a todos lados juntas”, resume. Y agrega un mensaje clave: “Es importante que la gente entienda que cuando está trabajando no hay que tocarla ni distraerla”. Historias como esta reflejan cómo un perro guía puede abrir caminos, brindar autonomía y, sobre todo, cambiar una vida.