Este 2 de abril se conmemora el 43º aniversario de la Guerra de Malvinas, y para Luis Escudero, la fecha renueva un compromiso que mantiene desde hace décadas: honrar a sus compañeros caídos con cada paso que da.
A los 20 años fue cabo del Ejército y formó parte del contingente que desembarcó en las islas en 1982. La emoción de aquel momento inicial, de participar en la recuperación del territorio argentino, pronto fue desplazada por la crudeza del conflicto, el miedo y la incertidumbre.
Luis volvió con vida, pero nunca volvió igual. Convertido en maratonista, encontró en el deporte una forma de canalizar la memoria y el dolor. Corre para no olvidar, corre para que el país tampoco lo haga. Participa en carreras a lo largo del año, y en cada una lleva consigo los nombres y recuerdos de quienes no regresaron.
En su barrio, cada 2 de abril, iza una bandera junto a vecinos y familiares. Es un ritual sencillo, pero cargado de simbolismo. No hay discursos largos, pero sí un silencio lleno de respeto.
Tres décadas después de la guerra, Luis regresó a las islas, esta vez como corredor. Lo hizo para cerrar un círculo, para volver en paz, para honrar desde otro lugar. Su historia se convirtió en un puente entre pasado y presente, entre la lucha y la memoria activa.
Hoy, Escudero sigue corriendo. Y con cada zancada reafirma su promesa: mantener viva la causa Malvinas, no desde el combate, sino desde el recuerdo y el movimiento.
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